Aunque pueda parecer algo más moderno, lo cierto es que el ser humano ya empezó a depilarse en el Antiguo Egipto. Esta cultura, que poseía un elevado concepto de la estética, se depilaba todo el cuerpo como símbolo de pureza. Se han encontrado cientos de papiros en los que se incluyen recetas para preparados depilatorios y pinzas para depilarse en los equipos funerarios. Muchos de estos preparados se laboraban con sangre y grasa de animales, pero también se usaban ceras con azúcar, agua, limón, aceite, miel y pepino. Además, los hombres utilizaban navajas de sílex, de cobre y de hierro.

Los griegos, por su parte, utilizaban velas y ceras hechas con fórmulas parecidas a las de los egipcios. No obstante, solamente lo hacían los atletas y miembros de las clases altas, y lo hacían como símbolo de la belleza ideal.

En Roma, las mujeres lo hacían para estar bellas y, por extraño que parezca, ya empezaban a depilarse el vello púbico en la adolescencia, en cuanto empezaba a aparecer.

En la India, la depilación tiene un origen sensual y en la Antigüedad se usaban navajas de cobre y la técnica del hilo.

Los musulmanes se depilaban para mantener su cuerpo limpio y se sabe que las mujeres se depilaban el pubis y las axilas con la técnica del hilo, y aprovechaban el baño para ello. Por influencia del Islam, esta prácticas e iría extendiéndose por África. Los turcos veían pecaminoso que una mujer dejara crecer el vello en sus partes íntimas y en los baños públicos había lugares especiales para depilarse.

Al llegar la Edad Media, el hombre dejó la depilación, pero las mujeres continuaron con la costumbre. Los preparados que se utilizaron se elaboraban a base de cal viva y arsénico. En muchos castillos europeos de entre los siglos XIII y XVIII las mujeres incluso tenían un cuarto para depilarse.

No sería hasta el Renacimiento cuando vuelven las navajas y las pinzas para depilarse. Además, existe una gran preocupación por depilarse por motivos de higiene, del mismo modo que lo hacían las civilizaciones del Nuevo Mundo mediante el afeitado corporal.

Sin embargo, la maquinilla de afeitar no llegaría hasta el siglo XVIII, cuando fue inventada por Jean Jacques Perret, un barbero francés. Aunque se desconoce si en esta época las mujeres se depilaban, parece que sí, ya que al no haber agua corriente en las casas, la higiene era muy deficiente y el contagio de parásitos como las ladillas era algo habitual.

Por fin, a principios del siglo XX llega la primera maquinilla de afeitar con hojas intercambiables de la mano de Kin Gillete y empieza a utilizarse la cera preparada a base de cera de abejas, resina y parafina. A partir de los años 30, cuando surge la priemra maquinilla de afeitar eléctrica, las faldas, los escotes y las mangas se acortan y la depilación empieza a ser una necesidad.

Ya en la década de los 60 aparece el Láser Rubí, aunque no sería hasta 1994 cuando empieza a usarse para eliminar el vello. Comienza así la era de la depilación láser.


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